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domingo, 13 de noviembre de 2011

abracadabra


Del ancho pliegue de la ambigüedad
se filtra todavía tu piel
¿Y cómo te nombro sin errar,
sin tropezar en el solecismo del lenguaje todo, 
que nos estorba?

¡Abracadabra!

Y aparecieras detrás de un velo
para  mirar  la llama de tu imagen

¡Abracadabra!

Y se fuera la lógica al carajo  
con cuidado.

¡Abracadabra!
por tus senos míos
que trajeras de vuelta,
 a mis manos,
a mi boca.

viernes, 11 de noviembre de 2011

disparates

¿Llevarnos bien en un cuarto de hotel?

Somos las voces 
de dos desconocidos,
los disparataes
de dos desconocidos
tras el orgasmo.

O más exactamente 
dos desconocidos
lanzándose piedras
en la distancia, 
de ego en ego.

Pensar: 
      "la noche es de hule",
que no es cierta,
que compartimos la saudade
de hablar dormidos.

Y pensar: 
       "estas palabras son una piedra",
te las arrojo
pero estás lejos
y yo dormido.

Primero jugamos 
a que eras una sirena
de aquí para allá
en su cama de agua,
que yo era alguien más
y te paseaba
en el cuarto 415.

Luego, otro día, 
me dijiste:
"no sé de qué hablas"

jueves, 27 de octubre de 2011

jazz de los peatones

Empiezo:
Mira, ¡Tiene el monte de venus  como tú!

... Y sin respuesta.

Qué infinito es andar contigo un museo.

Y luego tú:
"es una ironía"

Y alcanzarte al fin por el pasillo
porque acaba.

Qué fatigoso retorno el tuyo.

Quiero salir por la entrada
y seguirte.

Ahora debes de estar buscando una librería
y yo una iglesia
quién sabe si como escondidos
o para invocarnos.

¿Qué hago aquí?
¿Dónde me pusiste?
Cuántos hombres secos
en este espacio tan pequeño.

Y yo quiero sentir
¿dónde estás?
Porque no puede ser que no estés.

Ahora debes de estar revoloteando las calles
como una mosca.

No.


Sí.

NO.


Qué desdicha que al final
sólo seamos piernas que caminan
en contratiempo
en esta tarde de locos.

Yo aspiraba a entender
quizás algunas pocas cosas muy simples
y tú que dices sí y dices no,
como los niños.

Qué error más grande
hablar a los peatones.

lunes, 24 de octubre de 2011

über das farbige licht der doppelsterne und einige andere gestirne des himmels

La boca de una anciana
toca la armónica.
Va dando tumbos,
pide monedas
en los ocupados vagones del metro.

Pienso en la historia de sus labios,
en la de sus dientes.
Y en el nombre de la melodía
que nadie escucha.

viernes, 14 de octubre de 2011

Hay días que fueron hechos para estar sobre un tapete, sacándose los mocos, solo, en un cuarto blanco. 

Y que nos miren por la ventanilla para registrar nuestras risas...

jueves, 6 de octubre de 2011

si pudiera uno quitarse el cuerpo

Si pudiera uno quitarse el cuerpo, 
dejarlo recargado en una barda,
irse nomás la sangre
caminando por la banqueta,
pateando piedras y botellas.

Llamar a los perros con chiflidos
para palmearles el lomo.

Mirar los cláxones sonar
desde un puente
(¿que tan lejos se puede ir?)
hasta que se haga de noche
y las ráfagas prendan las luces
(¿quién puede mirar algo?)

Nada más.

Regresar al cabo por el cuerpo
sobre la barda
¿será el mismo?
¿No habrá bajado ni una vez los párpados?
Quién sabe.

Ya vamos otra vez completos,
erguidos e idiotas,
por la orilla de la carretera
o sobre los mismos rieles
a nuestras casas.

Prendemos la luz
y ahí está la sala sola.

Y nuestro cuerpo.


si pudiera uno quitarse el cuerpo (versión 2)

Si pudiera uno quitarse el cuerpo, 
dejarlo recargado en una barda,
irse nomás la sangre
caminando por la banqueta,
pateando piedras y botellas.

Llamar a los perros con chiflidos
para palmearles el lomo.


Entrar a los manicomios de puntitas                                    
a hacerles cosquillas a los psiquiatras
con sus propios bolígrafos.

Hacer de noche con susurros
y estrellas con canciones


Tal vez al volver hallemos
más cuerpos sin tocarse
junto al nuestro;
tal vez dudemos
si es éste o aquél;
tal vez nos llevemos a rastras
a algún otro.

O que hallemos ninguno por inercia
y rondemos la tierra por sus pasos
siempre ausentes sin nosotros.

¿Ahora mismo quién nos habita?
Ay, nosotros, nosotros, nosotros...

aforismo paradoja

¿Si supiera donde estoy estaría aquí?

martes, 4 de octubre de 2011

algoritmo

Los destinos se configuran con base en "decisiones" inconscientes: sensaciones, corazonadas, anhelos. Por eso somos nuestro destino; porque no podemos ser nada más.

¿Quién nos narra? Nosotros. Nos decimos en secreto: estamos bien, estamos mal.

Y continuamos el movimiento perpetuo.

¿dónde está la gente?

¿Dónde está la gente?
Abajo los niños corren,
a lo lejos campanas,
allá una sirena.

Aquí arriba huele a marihuana
y el semen escurre de las manos,
como el desencanto.

Se va la luz y el sol...

Y la gente ¿dónde está?

viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Qué es lo que no entiendo?

Indudablemente hay algo en las cosas que no entendemos; una zona oscura e indómita. Esta es la única certeza, bastante mediocre, que tenemos de nuestra confusa ignorancia.

¿Debemos alejarnos de ese páramo penumbroso o buscarlo pese a todo para comprender?

Porque todas nuestras palabras, las inútiles frases, han de caer en cuanto pasen por nuestra tráquea. Serán de polvo las ficciones de nuestra materia gris. Locos, seremos locos, insistiendo en mirar lo no mirable de la oscuridad. En las neuronas se volatizará acaso la tautológica frase: "está oscuro (y no podemos mirar)".

¿Insistir?

¿Y si más allá de la oscuridad hay luz?

Entender y vivir; ¿eventos posiblemente simultáneos?

¿Es la locura  la forma más coherente de razonar?

Qué absurdo hablar; cuando no podemos pensar.

miércoles, 31 de agosto de 2011

aforismo egoísta

Es triste no darse cuenta de los pasos en la acera, junto a los nuestros.

Farsantes de nuestra sombra.

¿Es verdad todo lo que callamos?






martes, 9 de agosto de 2011

el sonido de las mariposas al cantar

¿Cómo se llama al sonido que hacen las mariposas al hablar?

Dentro de mí hay una de vertiginosas y grandes alas,
colores transparentes,
antenas invisiblemente infinitas
y de veras a veces grita
o chilla a aullidos

Pero también la he descubierto riendo
y a veces hasta fuera de mí.

¿Qué estará diciendo ahora
con tanto aleteo,
con tanto estruendo?

¿Qué está diciendo!

¡Que se callen todos
para oírla!

Debería ponerme como a orar,
de tan bajito
para hacerle ver que soy su amigo,
que también me estoy buscando.

Tal vez quiera llevarme
a su jardín,
por las baldosas y el musgo,
por claros de luz y gotas en la yerba,
por el amarillo y el verde.

¿Qué he decirle
en su eternidad?

Voy a seguirla también con alas,
buscando la luz para estar en ella.

¿Cómo se llama al sonido qué hacen las mariposas al cantar?


jueves, 4 de agosto de 2011

superbĭa

¡Qué miserable rey en un reino minúsculo!

A solas,
en silencio...

Eremita y Señor.

¿También yo soy un desconocido?

lunes, 1 de agosto de 2011

...

Cal y arena
para tus rencorosos hijos,
asesina gris.

Ojos y dientes,
la otra mejilla
para nutrir el odio.

Setenta veces siete muertes
y un monumento
a las enseñanzas de Caín.

En tus calles de piedra
tumbas y esquelas...

¿No estás tú aquí que eres nuestra madre?

¡Pues tus chiches no bastan!
Por eso nos las arrebatamos.
Hay quienes, saciados de tu leche rancia,
exprimen sus vergas en ellas...

¿Y tú nos miras?

¿Serás la vida tú,
ciudad?



¿Cuánto cobras por dejarte sobar el vientre,
anciana?

martes, 26 de julio de 2011

casi nunca para casi nadie

Hago frases, a veces sólo alcanza para palabras. Soy demasiado itinerante, demasiado inestable para poder hacer mucho más. A veces estas frases tienen coherencia para mí pese al paso del tiempo; casi nunca para casi nadie.

miércoles, 29 de junio de 2011

¿A dónde ha de ir el buey que no are?


Así solía decirme mi padre en no sé qué circunstancias. Yo era un niño y no me preocupaba como ahora por la semántica ni por la pertinencia de las palabras. No hace mucho, ya como hombre, se me presentó la frase a modo de pregunta ontológica: caminaba las viejas calles del centro en compañía de una mujer y la inquirí de pronto, con torpeza y gratuidad: ¿a dónde ha de ir el buey que no are?
Es decir, si uno no hace lo que ha venido a hacer a dónde dirige los pasos, qué destino le espera más allá del absurdo… Búsqueda esencial: ¿qué soy, qué hago?
Luego, entre bromas y veras, formulaba la pregunta a amigos y compañeros, cada uno daba una respuesta distinta, según su propia experiencia, a grado tal que podría contemplarse como test sicológico: “la prueba del buey”, se llamaría quizá… Comprendí luego que la pregunta me había buscado, que si inquiría a las personas que me rodeaban era porque yo mismo tenía la inquietud. ¿Cuál era mi arado? ¿Cuál mi coyunda? ¿En qué tierra fértil?
No hace mucho miraba revolotear zopilotes en las entrañas de una mujer. Acudí a ella en busca de reconocimiento y complicidad. Cometí la impericia de anhelar con los ojos cerrados y las manos abiertas. Me lancé a fotografiar al mundo con la intención de envolverlo para regalo. Nada obtuve, salvo la certeza de que estoy hecho para observar.
Del trabajo a casa me extravío en calles cuyo nombre anuncian fierros retorcidos y oxidados, las banquetas tienen grietas y orines de perro. En ellas se desplazan los ciudadanos movidos por la costumbre de comer. ¿Quién delineó estos planos y qué estaba pensando? ¿Fuimos arrojados a esta jaula enorme para dar vueltas de un lugar a otro cotidianamente?
Desde un quinto piso miro las nubes sobre la ciudad. Hay máquinas que vuelan y se arrastran; hay algo de sensibilidad todavía en mis contemporáneos, pues no es infrecuente que una risotada suba hasta mi aposento. Bebo cerveza y miro el televisor. Lloro a veces de puro gusto, conmovido por el silencio, por el rumbo que toma la cannabis en mi emoción. Trazo con el índice líneas punteadas de realidades que no existen: frases, imágenes… Soy un diletante del ocio. Abro el cuaderno y sé que me espera la ficción de una novela. Abro los ojos y ahí está mi nikon.
¿A dónde ha de ir el buey que no are?
Al ocio creativo, a la terrible certeza de una calle colmada de desconocidos. A una fotografía que nunca será tomada porque siempre habrá algo más a la vuelta de la esquina. A páginas siempre vacías.
Estoy hecho de palabras, imágenes y anhelos.

domingo, 22 de mayo de 2011

¿a dónde ha de ir el buey que no are?

Decir: <<El temor a la fragilidad>> en lugar de: <<Temo a la fragilidad>>. 


No es sutil la diferencia. 


Estoy hecho de instantes que se volatizan enseguida. ¿Qué impresión tengo del mundo, de las cosas más ordinarias, de las miradas que me dedican los seres que pueblan la tierra?


Apenas.


¿Cómo puedo fijarme en los hechos? ¿Cómo puedo darme cuenta?


La irrealidad. Y ni siquiera ella...