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lunes, 1 de agosto de 2011

...

Cal y arena
para tus rencorosos hijos,
asesina gris.

Ojos y dientes,
la otra mejilla
para nutrir el odio.

Setenta veces siete muertes
y un monumento
a las enseñanzas de Caín.

En tus calles de piedra
tumbas y esquelas...

¿No estás tú aquí que eres nuestra madre?

¡Pues tus chiches no bastan!
Por eso nos las arrebatamos.
Hay quienes, saciados de tu leche rancia,
exprimen sus vergas en ellas...

¿Y tú nos miras?

¿Serás la vida tú,
ciudad?



¿Cuánto cobras por dejarte sobar el vientre,
anciana?

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