Si pudiera uno quitarse el cuerpo,
dejarlo recargado en una barda,
irse nomás la sangre
caminando por la banqueta,
pateando piedras y botellas.
Llamar a los perros con chiflidos
para palmearles el lomo.
Entrar a los manicomios de puntitas
a hacerles cosquillas a los psiquiatras
con sus propios bolígrafos.
Hacer de noche con susurros
y estrellas con canciones
Tal vez al volver hallemos
más cuerpos sin tocarse
junto al nuestro;
tal vez dudemos
si es éste o aquél;
tal vez nos llevemos a rastras
a algún otro.
O que hallemos ninguno por inercia
y rondemos la tierra por sus pasos
siempre ausentes sin nosotros.
¿Ahora mismo quién nos habita?
Ay, nosotros, nosotros, nosotros...
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